Opinión

Bukele, la reelección indefinida y la batalla cultural de los símbolos. 

Por André Santos E.
Abogado, profesor de Derecho Internacional, Presidente del Movimiento FIRMES

En los últimos días, hemos sido testigos del escándalo que ciertos sectores —incluso algunos sectores bienintencionados de centro-derecha— han armado en torno a la reforma constitucional en El Salvador que permite la reelección presidencial. Según ellos, se trata de un grave retroceso democrático y un paso hacia la dictadura. Esta reforma ha despertado inquietudes —muchas de ellas sinceras— entre quienes creen que defender los valores de la libertad consiste únicamente en preservar ciertos rituales institucionales.

En los 29 Estados de Europa, a la que con frecuencia se alude como modelo de institucionalidad democrática, la reelección indefinida del jefe de gobierno es la norma, más que una excepción. Más aún, ni siquiera depende del sufragio directo del pueblo. En la mayoría de los casos, son los partidos quienes se reparten el poder entre sí, en componendas parlamentarias que excluyen al ciudadano común de la decisión final, dentro de un sistema de Estado de partidos.

Basta repasar algunos casos históricos:

            •          Angela Merkel, 16 años como canciller (2005–2021).

            •          François Mitterrand, presidente de Francia durante 14 años (1981–1995).

            •          Konrad Adenauer,  14 años como canciller de Alemania (1949–1963).

            •          Jean-Claude Juncker, primer ministro de Luxemburgo durante casi 19 años (1995–2013)

            •          Tage Erlander, jefe de gobierno sueco durante 23 años (1946–1969).

            •          Felipe González, presidente de gobierno de España por 14 años (1982–1996).

            •          Incluso Viktor Orbán, denostado por la izquierda europea, ha gobernado Hungría por más de 18 años en dos períodos.

¿Alguien los llamó dictadores por su permanencia en el poder? ¿Por qué entonces el caso de El Salvador suscita tantas alarmas, cuando se trata de un país que elige directamente a su presidente por voto popular?

En El Salvador, la reelección es decidida en sufragio universal, directo y secreto. Es el pueblo quien juzga, quien otorga continuidad o pide cambio. En este contexto, ¿qué valor aporta realmente la alternancia obligatoria? ¿Qué beneficio tangible se le ofrece al ciudadano cuando se le prohíbe la posibilidad de reelegir al presidente que transformó su país en menos de tres años? ¿Por qué imponerle a un pueblo que recién sale del caos una regla diseñada para sistemas estables y consolidados?

Lo cierto es que la alternancia no es un dogma. Es una herramienta. Y, como toda herramienta, debe adaptarse a las circunstancias. En un país como El Salvador, en proceso de institucionalización, con amenazas internas latentes y una oposición antipatriota que demanda la liberación de los terroristas para salvaguardar sus “DDHH”, negarle la continuidad a un gobierno que ha demostrado firmeza y eficacia es simplemente sabotear la recuperación nacional.

La persecución mediática contra Bukele responde a una causa muy clara: es un símbolo vivo de la contraofensiva cultural. Su gobierno no solo redujo el crimen a niveles históricos, sino que lo hizo desafiando los dogmas del globalismo progresista, del relativismo jurídico y del buenismo ideológico. Destituyó a 300 funcionarios por promover la ideología de género, ordenó el encarcelamiento de 75.000 terroristas en 9 meses, enfrentó a las mafias políticas, rompió con las agendas del Foro de São Paulo y del Grupo de Puebla.

Muchos aún no comprenden que el debate actual no es simplemente jurídico o procedimental. Es cultural y simbólico. Se trata de una batalla por el sentido, por el relato de lo posible y por los modelos que funcionan. Y Bukele, con sus aciertos y desaciertos, es hoy uno de los pocos referentes vivos capaces de articular ese nuevo relato de lucha y resistencia a favor de los valores de la Civilización de Occidente.

La izquierda revolucionaria lo tiene claro: ellos construyen símbolos, los protegen, los alimentan, los promueven. Lula, AMLO, Allende, Che Guevara, Petro, Mujica, Sheinbaum, Correa y muchos más… son imperfectos, sí, pero son sus soldados en la presente lucha de narrativas. Ciertos sectores de centro-derecha, en cambio, muchas veces parecen anclados en la adoración de abstracciones institucionales; se enredan en purismos anacrónicos y terminan atacando —paradójicamente— a quienes serían sus aliados naturales y quienes más éxito tienen en la lucha contra el sistema globalista woke.

Nayib Bukele es un referente vivo de la idea de la restauración del orden y la civilización, comprensible para el ciudadano común; incluso para ese ciudadano de a pie que no lee a Hayek o a Burke, pero puede distinguir entre el orden y el caos, entre el progreso real y el engaño. Ese ciudadano que sabe leer el libro vivo de la realidad y del sentido común; es decir, la esfera de los símbolos.

El liberal o el conservador que no entienda esto podrá caer en la trampa y ser cómplice útil de la izquierda revolucionaria. Seguirá perdiendo batallas en la idolatría de teorías abstractas sin aterrizarlas a la actualidad porque se rehúsa a entender el lenguaje de los símbolos y cede espacio al enemigo en ese campo, olvidando que el pueblo no busca pureza teórica: busca líderes de carne y hueso. La batalla cultural es una batalla de símbolos vivos, no de abstracciones. Toda idea arquetípica tiene su sucursal en esta tierra… De eso se trata la batalla de las ideas vivas. Este es el lenguaje secreto que entiende la astuta izquierda revolucionaria.

Los patriotas no debemos caer en la idolatría de ficciones jurídicas o rigorismos de estructuras de Estado. El supremo bien es el bienestar de la Nación. Las formas de gobierno son meros vehículos para llegar a ese fin, no su fundamento.

Solo entendiendo esto, podremos levantar una verdadera estrategia contrarrevolucionaria que nos dé la victoria.

“Gracias, Señor, porque has mantenido ocultas estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla”. (Mt 11, 25)

FIRMES POR ECUADOR

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